
Carrero Blanco, presidente del Gobierno de Franco, acude como cada mañana a misa en la iglesia de los Jesuitas de la Calle de Serrano. Él no lo sabe, pero el hombre que comulga detrás de él es Arriaga, miembro de un comando de ETA que lleva meses planeando su secuestro, y, posteriormente, su asesinato. 100 kilos de GOMA-2 en un túnel excavado debajo de la calzada acaban con la vida del almirante, de su escolta y del conductor del vehículo.