
Funcionarios de prisiones. Un colectivo silencioso, objetivo de ETA, no formativo, sometido a numerosas presiones dentro y fuera de la cárcel. Dentro, ETA tuvo que soportar con el frente de los macos y todo lo que ello implicaba: plantas que creaban presos, protestas, huelgas de hambre y conflictos dentro de las cárceles. Y al salir del trabajo, el miedo a ser denunciado por los vecinos y, sobre todo, las medidas de protección permanente para proteger su vida y la de los seres queridos.