
Doraemon, Nobita y el resto de la pandilla viajan hasta el planeta de los animales. En la ciudad de los animales se cuida del entorno natural, se reciclan los residuos y el uso de las energías renovables está al orden del día. Pero lo más curioso es que sus simpáticos habitantes tienen cuerpo humano y cabeza de animal, y la pandilla conoce al joven Chipo, un muchacho-perro.