
Una desaparición forzada no sólo acaba con la vida del desaparecido, como las ondas que produce una piedra lanzada al agua, sino que deja una cicatriz emocional en la familia y en la sociedad. A principios de los 80, a José Miguel Etxeberria Álvarez, miembro del Comandos Autónomos Anticapitalistas, lo hicieron desaparecer. Entre comunicados cruzados, varias reivindicaciones e indiferencia judicial, la familia intentó dar una respuesta a la desaparición. Con el objetivo de curar la herida abierta por la desaparición de su hermano, Eneko es quien ha tomado el relevo de una búsqueda que ha durado más de cuarenta años.